Marcha patológica: alteraciones al caminar después de un EVC
Autor: Giovana Femat Roldán

Después de un evento vascular cerebral (EVC), muchas personas enfrentan secuelas que afectan su movilidad, independencia y calidad de vida. Una de las más frecuentes y visibles es la marcha patológica, es decir, una forma anormal de caminar que refleja alteraciones neurológicas y musculoesqueléticas.
¿Por qué ocurre la marcha patológica tras un EVC?
Un EVC puede provocar hemiparesia, es decir, debilidad parcial de un lado del cuerpo, lo que genera desequilibrio, alteración del tono muscular y asimetría en los movimientos. También es común observar rigidez muscular, espasticidad (una contracción continua de los músculos) y problemas de coordinación motora. Estos cambios afectan directamente la forma de caminar, haciendo que los pacientes presenten desde pasos cortos, incapacidad para levantar el pie, hasta marcha arrastrando el pie o incluso marcha en círculos.
En algunos casos, la falta de control postural y la disminución de la fuerza muscular en las extremidades inferiores llevan a una postura rígida y a un aumento del riesgo de caídas frecuentes, lo cual compromete la autonomía y seguridad del paciente. Además, aunque no está directamente relacionado con la marcha, es común que también exista disfagia (dificultad para tragar), reflejando el compromiso más general del control motor.
¿Cómo se detectan las alteraciones en la marcha?
El diagnóstico de una marcha patológica no requiere solo observación clínica, sino una valoración integral. El equipo de neurorehabilitación evalúa varios factores como:
- Inicio del paso:
Muchas personas tienen dificultad para iniciar el paso, lo que se asocia con daños en el control motor voluntario.
- Patrón de marcha:
Se analiza si el paciente tiene alteración en el patrón de marcha, como desigualdad en los pasos, variaciones de ritmo, falta de simetría o movimientos descoordinados.
- Balance y equilibrio:
Las alteraciones en el equilibrio se identifican al realizar cambios de dirección, giros o caminar sobre superficies irregulares.
- Postura y tono muscular:
Se examina si hay postura rígida, espasticidad o alteración del tono muscular, lo que puede interferir en la marcha fluida.
- Movimientos involuntarios:
Algunos pacientes presentan movimientos involuntarios o temblores que interrumpen la secuencia normal al caminar.
- Capacidad funcional:
Se evalúa el grado de deterioro funcional en las extremidades inferiores, lo cual es crucial para diseñar un plan terapéutico.
Tratamientos para mejorar la marcha tras un EVC
Abordar una marcha patológica después de un EVC requiere un enfoque multidisciplinario, en el que intervienen médicos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y, en algunos casos, especialistas en rehabilitación del lenguaje y la deglución.
1. Fisioterapia y rehabilitación neurológica
La fisioterapia es una herramienta esencial para recuperar la movilidad. Los ejercicios están diseñados para:
- Fortalecer los músculos debilitados.
- Estimular la plasticidad cerebral.
- Mejorar la coordinación motora y el equilibrio.
- Prevenir caídas frecuentes.
A través de ejercicios de fortalecimiento muscular, se busca aumentar la resistencia de las extremidades afectadas, mientras que las técnicas de marcha ayudan a reeducar el patrón correcto de caminar.
2. Terapia ocupacional
La terapia ocupacional se enfoca en mejorar las habilidades funcionales necesarias para la vida diaria. Enseña al paciente estrategias para compensar su debilidad, mejorar su independencia y adaptarse al entorno físico.
3. Terapia de la marcha y terapia de balance
Las técnicas especializadas de terapia de la marcha permiten trabajar directamente en la mejora del patrón de marcha. Se utilizan barras paralelas, cintas caminadoras y ejercicios con estímulos visuales o auditivos.
La terapia de balance, por otro lado, entrena al paciente para responder a cambios de posición y perturbaciones del entorno, esenciales para evitar caídas y mejorar la seguridad al caminar.
4. Estimulación funcional
La estimulación funcional mediante dispositivos eléctricos puede ser útil en pacientes con incapacidad para levantar el pie o que presentan marcha arrastrando el pie. Esta tecnología activa ciertos grupos musculares durante la marcha, facilitando una secuencia de pasos más natural.
5. Uso de órtesis
Las órtesis son dispositivos que se colocan en la pierna o el pie para ofrecer soporte. Pueden ser especialmente útiles en casos de espasticidad, debilidad muscular o alteración en el tono muscular. Una órtesis bien ajustada puede corregir la asimetría en los movimientos, facilitar el apoyo adecuado del pie y prevenir lesiones.
6. Tratamientos farmacológicos
En algunos casos, los pacientes pueden beneficiarse de tratamientos farmacológicos para controlar la espasticidad o los movimientos involuntarios. Estos medicamentos deben ser indicados por un especialista, considerando siempre los posibles efectos adversos y las características individuales de cada paciente.
La importancia del enfoque personalizado
No todas las personas que han sufrido un EVC presentan el mismo tipo de marcha patológica. Algunos tienen una leve falta de coordinación, otros pueden presentar una severa hemiparesia con espasticidad importante. Por ello, la evaluación inicial y el seguimiento continuo son fundamentales.
Además, factores como la edad, el estado general de salud, la presencia de disfagia, el grado de alteración del control postural, y el soporte familiar influyen en el tipo de tratamiento recomendado y en los tiempos de recuperación.

¿Cuándo buscar ayuda?
Si tú o un familiar presentan tras un EVC alguno de los siguientes signos, es recomendable acudir con un equipo de neurorehabilitación:
- Dificultad para iniciar el paso.
- Pasos cortos o arrastrar el pie.
- Caídas frecuentes o pérdida del equilibrio.
- Incapacidad para levantar el pie o sensación de debilidad al caminar.
- Postura rígida o cambios evidentes en la forma de caminar.
- Presencia de espasticidad o movimientos anormales.
Mientras más pronto se inicie el tratamiento, mejores serán las posibilidades de recuperación. La marcha es una función compleja, pero también muy adaptable con el estímulo adecuado.
¿Cuáles son las casuas de un EVC?
Un Evento Vascular Cerebral (EVC), también conocido como accidente cerebrovascular o derrame cerebral, ocurre cuando el flujo sanguíneo al cerebro se interrumpe de manera súbita, provocando la muerte de células cerebrales por falta de oxígeno y nutrientes. Existen dos grandes tipos de EVC (isquémico y hemorrágico), y cada uno tiene causas específicas. A continuación, se explican en detalle las causas más importantes de un EVC:
1. Causas del EVC isquémico (el más común, representa alrededor del 85% de los casos)
Este tipo de EVC ocurre cuando una arteria que lleva sangre al cerebro se bloquea parcial o totalmente. Las causas más frecuentes son:
Aterosclerosis
Es el endurecimiento y estrechamiento de las arterias por acumulación de placas de grasa y colesterol. Esta condición favorece la formación de trombos (coágulos) que pueden obstruir las arterias cerebrales.
Trombosis cerebral
Se forma un coágulo de sangre (trombo) dentro de una arteria del cerebro que ya está afectada por aterosclerosis. Esto detiene el flujo sanguíneo y causa un infarto cerebral.
Embolia cerebral
Aquí el coágulo se forma en otra parte del cuerpo —generalmente en el corazón— y viaja por el torrente sanguíneo hasta alojarse en una arteria cerebral. Es típico en personas con fibrilación auricular u otras arritmias cardíacas.
Estenosis de las arterias carótidas
Cuando las arterias del cuello (carótidas) se estrechan, el flujo de sangre al cerebro disminuye, lo que puede generar un infarto cerebral si se bloquean por completo.
Otras causas menos comunes
- Disección arterial (desgarro en la pared de una arteria).
- Enfermedades hematológicas como trombofilias.
- Migraña con aura en casos raros.
- Uso de drogas como la cocaína o las anfetaminas.
2. Causas del EVC hemorrágico
Este tipo de EVC se produce cuando se rompe un vaso sanguíneo en el cerebro, provocando sangrado y daño a las células cerebrales. Las causas más frecuentes son:
Hipertensión arterial mal controlada
Es la causa más común. La presión alta debilita los vasos sanguíneos, haciéndolos más propensos a romperse.
Aneurismas cerebrales
Son dilataciones anormales de una arteria que pueden romperse de manera súbita y causar hemorragia subaracnoidea, un tipo grave de EVC.
Malformaciones arteriovenosas (MAV)
Son defectos congénitos en los vasos del cerebro que, al romperse, generan una hemorragia.
Traumatismos craneoencefálicos
En especial en personas mayores que usan anticoagulantes, un golpe puede causar una hemorragia intracraneal.
Trastornos de la coagulación
Algunas enfermedades o medicamentos que interfieren con la coagulación (como anticoagulantes mal dosificados) pueden aumentar el riesgo de sangrado cerebral.
3. Factores de riesgo que favorecen cualquier tipo de EVC
Más allá del tipo específico de EVC, existen factores de riesgo comunes que aumentan significativamente la probabilidad de que ocurra:
- Hipertensión arterial.
- Diabetes mellitus.
- Colesterol alto.
- Tabaquismo.
- Sedentarismo.
- Obesidad.
- Consumo excesivo de alcohol.
- Enfermedades cardíacas, especialmente arritmias.
- Historia familiar de EVC.
- Edad avanzada (aunque puede ocurrir a cualquier edad).
- Anticonceptivos orales en combinación con otros factores de riesgo.
Un EVC no ocurre sin señales de advertencia previas en la mayoría de los casos. Detectar los factores de riesgo y controlarlos a tiempo puede marcar la diferencia entre vivir con salud o enfrentar secuelas neurológicas graves. También es fundamental reconocer los signos de alarma y actuar con rapidez, ya que el tiempo es cerebro: mientras más pronto se reciba atención médica, mayores son las posibilidades de recuperación.
Si alguien tiene antecedentes familiares o personales de enfermedades cardiovasculares, lo mejor que puede hacer es hablar con un especialista. Prevenir un EVC es mucho más fácil que recuperarse de sus consecuencias.
