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Terapia cognitiva para la rehabilitación neurológica

Autor: Giovana Femat Roldán

Terapia cognitiva para la rehabilitación neurológica

Las alteraciones neuropsicológicas son comunes después de un ictus y repercuten significativamente en la recuperación funcional y en el retorno a las actividades que la persona desarrollaba antes de la lesión.

La exploración neuropsicológica permite identificar, describir y cuantificar los déficits cognitivos y las alteraciones emocional-conductuales, así como conocer las capacidades preservadas, consecuencia de la afectación funcional o estructural del sistema nervioso central.

La rehabilitación cognitiva, como parte de la rehabilitación neuropsicológica, es la aplicación de procedimientos y técnicas con el fin de que la persona con déficits cognitivos pueda retomar, de manera segura e independiente, las actividades cotidianas que desarrollaba antes de la lesión.  

Terapia cognitiva

La terapia cognitiva puede abordarse desde la perspectiva que la caracteriza como un enfoque terapéutico basado en un conjunto de técnicas conductuales, verbales y emocionales, las cuales intervienen modificando los pensamientos alterados y promoviendo estilos de cognición adaptativos. Dicho enfoque terapéutico se caracteriza por ser un proceso activo, directivo, estructurado y de tiempo limitado, consolidado gracias a la investigación empírica que sustenta su teoría y sus técnicas.                       

Técnicas empleadas en la terapia cognitiva

Las diferentes técnicas empleadas en rehabilitación cognitiva se agrupan en tres categorías: modificación del entorno, técnicas de restauración y estrategias compensatorias. Si bien el objetivo es el mismo: incrementar la autonomía del individuo y aumentar su calidad de vida.

  • Modificación del entorno:

La modificación del entorno está especialmente indicada cuando los déficits cognitivos limitan de forma sustancial la capacidad de la persona para responder a las exigencias del entorno. Esta adaptación persigue incrementar la autonomía personal, entendiendo que la adecuación del entorno ha de permitir aumentar la capacidad funcional.

  • Técnicas de restauración:

Las técnicas de restauración buscan mejorar los déficits cognitivos mediante la actuación directa sobre ellos: el propósito es mejorar la función deteriorada favoreciendo la recuperación de medios. Esta estrategia terapéutica parte de la base de que se estimulan y mejoran las capacidades cognitivas alteradas mediante el ejercicio y la práctica repetitiva de tareas administradas en soporte analógico o digital.

  • Estrategias compensatorias

Las estrategias compensatorias se centran en enseñar o entrenar a la persona para utilizar estrategias alternativas o ayudas externas que le permitan llevar a cabo las actividades de la vida diaria, y de esta manera evitar las dificultades que podrían surgir como consecuencia de los déficits cognitivos. Se persigue potenciar el uso de mecanismos alternativos o capacidades preservadas (favorecer la recuperación de objetivos). Esto es, volver a alcanzar determinados objetivos empleando unos medios diferentes a los utilizados antes de la lesión.

Los déficits cognitivos son la principal diana de las intervenciones neuropsicológicas después de un ictus, pero no la única. Estas personas también manifiestan alteraciones emocionales y comportamentales, alteraciones que, desde la rehabilitación neuropsicológica, son tratadas mediante abordajes no-farmacológicos.

Neurorrehabilitación

La rehabilitación cognitiva es una práctica por la cual personas con trastornos neurológicos o psiquiátricos trabajan junto con profesionales de la salud para remediar o aliviar los déficits cognitivos derivados de la enfermedad que padecen. Esta técnica ha demostrado ser una excelente herramienta para mejorar las habilidades de afrontamiento, ayudar a manejar las dificultades cognitivas y hacer frente a las respuestas emocionales poco adaptativas que pueden generarse tras una lesión cerebral. 

La rehabilitación cognitiva no se basa en una única intervención específica sobre los diferentes procesos cognitivos, sino en la combinación de estrategias y de sistemas compensatorios con métodos de intervención conductuales y otros recursos destinados a reducir los problemas emocionales y favorecer la integración social y laboral, siempre desde la base de ciertos principios cerebrales fundamentales.

Neuroplasticidad en la rehabilitación cognitiva

Los mecanismos de neuroplasticidad a través de los cuales se produce la recuperación neurológica son complejos e incluyen aspectos del:

  • Funcionamiento interno de las neuronas (cambios proteínicos y genéticos)
  • De su estructura (dendritogénesis, remielinización)
  • De estructuras asociadas (revascularización, gliogénesis)
  • De la manera en que estas se asocian y organizan en redes neurales (reestructuración neuronal, sinaptogénesis). 

La lesión cerebral produce cambios que varían según la etiología. Los diferentes tipos de lesión cerebral presentan un impacto diferencial sobre la recuperación funcional. Esto se debería a que el cerebro cambia según la etiología específica, impactando directamente sobre los diferentes métodos de rehabilitación para diferentes tipos de pacientes.

¿Qué alteraciones neuropsicológicas se pueden presentar después de un ictus?

Después de un ictus, es común que se presenten diversas alteraciones neuropsicológicas que afectan el funcionamiento cognitivo, emocional y conductual de las personas. La magnitud y el tipo de secuelas dependen de la localización y extensión del daño cerebral. Estas alteraciones pueden ser transitorias o permanentes, y algunas de las más frecuentes incluyen:

1. Trastornos de la memoria

El ictus puede afectar la capacidad para formar nuevos recuerdos o recordar información ya adquirida. Es común que las personas experimenten dificultades con la memoria a corto plazo, lo que puede afectar actividades cotidianas como recordar citas, nombres o eventos recientes.

2. Problemas de atención y concentración

Muchas personas tienen dificultades para mantener la atención de manera prolongada o para concentrarse en tareas específicas. Esto puede manifestarse como distracción frecuente, dificultad para seguir conversaciones o para realizar tareas que requieren enfoque continuo.

3. Afasia

Si el ictus afecta áreas del cerebro relacionadas con el lenguaje, como el área de Broca o de Wernicke, es posible que la persona desarrolle afasia. Esta condición implica dificultades para hablar, entender el lenguaje, leer o escribir. Dependiendo de la región afectada, la afasia puede ser expresiva, receptiva o global.

4. Alteraciones visuoespaciales

Las personas que han sufrido un ictus pueden experimentar dificultades para percibir y procesar el espacio y las relaciones entre objetos. Esto puede manifestarse en problemas para orientarse en el entorno, juzgar distancias o reconocer objetos en el espacio.

5. Trastornos ejecutivos

El daño en los lóbulos frontales del cerebro puede alterar las funciones ejecutivas, es decir, las habilidades necesarias para planificar, organizar, tomar decisiones, resolver problemas y controlar impulsos. Esto puede llevar a dificultades para completar tareas complejas o para adaptarse a cambios en la rutina.

6. Apraxia

La apraxia es la incapacidad para realizar movimientos voluntarios a pesar de tener la capacidad física para hacerlo. Las personas pueden tener dificultades para realizar gestos o movimientos precisos, incluso cuando entienden la tarea que deben realizar.

7. Depresión post-ictus

Es común que las personas que han sufrido un ictus experimenten síntomas de depresión, lo cual puede estar relacionado tanto con el impacto psicológico del evento como con los cambios neuroquímicos en el cerebro. La depresión post-ictus puede empeorar la calidad de vida y dificultar la recuperación.

8. Ansiedad

Algunas personas desarrollan síntomas de ansiedad tras un ictus, especialmente si enfrentan incertidumbre sobre su recuperación o si experimentan frustración debido a las limitaciones físicas y cognitivas.

9. Cambios en la personalidad y la conducta

Los cambios en la personalidad son otra consecuencia frecuente. Estos pueden incluir irritabilidad, impulsividad, desinhibición o apatía. En algunos casos, los pacientes muestran cambios marcados en su forma de relacionarse con los demás, lo que puede generar conflictos interpersonales.

10. Anosognosia

La anosognosia es una falta de conciencia de las propias limitaciones. Las personas que la padecen después de un ictus pueden no ser conscientes de sus déficits cognitivos o físicos, lo que complica el proceso de rehabilitación y adaptación.

11. Trastornos emocionales y labilidad emocional

La labilidad emocional es otro síntoma frecuente, donde las personas tienen cambios bruscos en el estado de ánimo, como pasar de la risa al llanto sin motivo aparente. Esto suele ser un resultado directo del daño cerebral y puede ser frustrante tanto para el paciente como para su entorno.

12. Alteraciones en el procesamiento sensorial

Algunas personas experimentan dificultades para procesar la información sensorial, lo que puede incluir hipersensibilidad a estímulos como la luz o el sonido, o la incapacidad para interpretar correctamente señales sensoriales.